La paridad de género en función del nuevo contexto multicultural
En los últimos tiempos, y en todo el mundo, las activistas feministas y defensoras de los derechos laborales, han aprovechado espacios locales y nacionales de trabajo para luchar contra la discriminación de género. La apropiación de dicha causa tal vez sea la manifestación del cambio cultural más grande que se ha dado a nivel mundial en las últimas décadas.
La lucha por la resignificación de la mujer ha variado en los diferentes países. Las distintas culturas e identidades de las personas de cada lugar, han sido determinantes en el impacto alcanzado por el movimiento.
Si bien son indiscutibles los cambios logrados a nivel mundial mediante los años de lucha llevada adelante por los colectivos feministas, aún falta que estos se profundicen mucho más para alcanzar un cambio cultural
Sin ir más lejos, en estos días nos inundan los titulares sobre la lucha por las candidaturas a las próximas elecciones nacionales. Y allí podemos observar como el sistema político relega la figura de la mujer política siempre a segundo plano, y lo que es mucho peor, la mayoría de las veces se las incluye en dicho debate de las posibles "fórmulas" sólo porque esto es "políticamente correcto", y presupone una buena estrategia electoral. Si bien parece obvia, esta es una práctica muy poco cuestionada por el grueso de nuestra sociedad, fundamentalmente por los principales representantes de los partidos políticos. La mujer política pareciera ser incluída únicamente por estrategia electoral y por cumplir con la ley de cuota, pero en los hechos la pugna por el poder se da siempre entre representantes hombres. El sistema político no es capaz de dar un lugar real a la figura de la mujer como principal líder de una fuerza.
Esta situación no es ajena de nuestra cultura, la forma en cómo nos vemos e interpretamos lo que nos rodea también determina este tipo de situaciones. En nuestro país el cambio cultural para revertir estos escenarios debe ser profundo y verdaderamente movilizador de la sociedad. La cultura es adquirida y capaz de ser modificada en quienes la van recibiendo, y este es el único medio posible para revertir la desigualdad existente entre hombres y mujeres y alcanzar una verdadera igualdad libre de toda violencia y discriminación.
Al no abordar las causas estructurales de la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas, el progreso hacia la igualdad ha alcanzado una meseta de la cual debemos salir rápidamente para avanzar hacia ese verdadero cambio que alcance la igualdad entre los seres humanos que habitamos cualquier cultura y sociedad.
Es necesario provocar ese fuerte cambio cultural a nivel mundial para abordar con urgencia la paridad entre hombres y mujeres, en el acceso a prioridades como los son la tierra y el crédito, a los recursos naturales, la educación, los servicios de salud, el trabajo decente y la igualdad de remuneración. Es urgente escuchar las voces de las mujeres, para que estas participen en igualdad de condiciones en los ámbitos de decisiones, tanto en el hogar como en el sector privado, y en las instituciones de gobierno.
A nivel mundial, aunque las mujeres han logrado verdaderos avances, los hechos nos recuerdan continuamente que todavía queda mucho por hacer para alcanzar la igualdad. El mundo avanza hacia una multiculturalidad en donde las fronteras de cada cultura existente es permeable a la influencia de otras, y de esta forma, capaces de ser modificadas en una cultura más paritaria.
El cambio cultural debe ser un importante objetivo mundial, para llevar a nuestras sociedades al punto de inflexión en donde se rechace la violencia y la discriminación contra las mujeres y las niñas, y en donde se pueda desplegar el potencial de las sociedades, para que podamos tener un mundo más pacífico, justo, generoso y sostenible.
Federico Rosadilla
La lucha por la resignificación de la mujer ha variado en los diferentes países. Las distintas culturas e identidades de las personas de cada lugar, han sido determinantes en el impacto alcanzado por el movimiento.
Si bien son indiscutibles los cambios logrados a nivel mundial mediante los años de lucha llevada adelante por los colectivos feministas, aún falta que estos se profundicen mucho más para alcanzar un cambio cultural
Sin ir más lejos, en estos días nos inundan los titulares sobre la lucha por las candidaturas a las próximas elecciones nacionales. Y allí podemos observar como el sistema político relega la figura de la mujer política siempre a segundo plano, y lo que es mucho peor, la mayoría de las veces se las incluye en dicho debate de las posibles "fórmulas" sólo porque esto es "políticamente correcto", y presupone una buena estrategia electoral. Si bien parece obvia, esta es una práctica muy poco cuestionada por el grueso de nuestra sociedad, fundamentalmente por los principales representantes de los partidos políticos. La mujer política pareciera ser incluída únicamente por estrategia electoral y por cumplir con la ley de cuota, pero en los hechos la pugna por el poder se da siempre entre representantes hombres. El sistema político no es capaz de dar un lugar real a la figura de la mujer como principal líder de una fuerza.
Esta situación no es ajena de nuestra cultura, la forma en cómo nos vemos e interpretamos lo que nos rodea también determina este tipo de situaciones. En nuestro país el cambio cultural para revertir estos escenarios debe ser profundo y verdaderamente movilizador de la sociedad. La cultura es adquirida y capaz de ser modificada en quienes la van recibiendo, y este es el único medio posible para revertir la desigualdad existente entre hombres y mujeres y alcanzar una verdadera igualdad libre de toda violencia y discriminación.
Al no abordar las causas estructurales de la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas, el progreso hacia la igualdad ha alcanzado una meseta de la cual debemos salir rápidamente para avanzar hacia ese verdadero cambio que alcance la igualdad entre los seres humanos que habitamos cualquier cultura y sociedad.
Es necesario provocar ese fuerte cambio cultural a nivel mundial para abordar con urgencia la paridad entre hombres y mujeres, en el acceso a prioridades como los son la tierra y el crédito, a los recursos naturales, la educación, los servicios de salud, el trabajo decente y la igualdad de remuneración. Es urgente escuchar las voces de las mujeres, para que estas participen en igualdad de condiciones en los ámbitos de decisiones, tanto en el hogar como en el sector privado, y en las instituciones de gobierno.
A nivel mundial, aunque las mujeres han logrado verdaderos avances, los hechos nos recuerdan continuamente que todavía queda mucho por hacer para alcanzar la igualdad. El mundo avanza hacia una multiculturalidad en donde las fronteras de cada cultura existente es permeable a la influencia de otras, y de esta forma, capaces de ser modificadas en una cultura más paritaria.
El cambio cultural debe ser un importante objetivo mundial, para llevar a nuestras sociedades al punto de inflexión en donde se rechace la violencia y la discriminación contra las mujeres y las niñas, y en donde se pueda desplegar el potencial de las sociedades, para que podamos tener un mundo más pacífico, justo, generoso y sostenible.
Federico Rosadilla
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